Fuente: Milenio ONLINE ( MEXICO)
Las mujeres se independizan antes que los hombres
Con mamitis, el 50% de mexicanos mayores de 30
"Compartir el techo con tus padres a una edad madura es como estar en un hotel, donde mamá se encarga de tener la ropa limpia, la cena preparada y la casa impecable...".
2008-11-18•Puebla
. Y por qué no voy a vivir con mis padres, es la pregunta que se hacen más de 12 millones de mexicanos cuya edad oscila entre los 25 y los 33 años (50.7 por ciento del total de ese sector de la población), aquellos que, según la Encuesta Nacional de la Juventud 2007 se niegan a dejar la casa de sus padres porque se sienten a gusto con ellos, no tienen cómo sostenerse o por la escasez de empleo.
Sin embargo, cifras del Consejo Nacional de Población revelan que las mexicanas se emancipan antes que los varones de su misma edad –ellas, a los 26 años como edad media, frente a los 30 de ellos–, como consecuencia de su más temprana iniciación en la vida de pareja.
Pero el retraso en la independencia familiar no es un fenómeno único de nuestro país. España, Italia, Japón y Corea del Sur también tienen un alto porcentaje de estos nuevos solteros. En Japón, 10 millones de jóvenes entre 20 y 34 años viven con sus padres (80 por ciento de ese grupo demográfico), mientras que en España el 66 por ciento de los jóvenes de esa misma edad se niega a dejar el hogar paterno.
En Italia, la decisión de abandonar los cuidados y la seguridad que ofrece la vivienda familiar no tiene muchos partidarios entre los jóvenes de ambos sexos, pues el 72 por ciento de los que tienen entre 18 y 30 años son adictos al “nido”.
Pero los hombres italianos tienen una característica especial que los hace diferentes de los españoles o japoneses: les unen unos fuertes lazos con la figura materna, la celebre mamma. A pesar de haberse casado y tener hijos, el 43 por ciento de ellos continúa viviendo a menos de un kilómetro de su madre, revela una encuesta del Instituto Nacional de Estadística italiano (Istat) publicada el año pasado.
“Si viviera solo, tendría que cambiar mis hábitos”: Juan Carlos
Administrador de profesión y aficionado al tenis, Juan Carlos Madrigal nunca ha querido ni visto la necesidad de abandonar el hogar paterno para vivir por su cuenta. “En casa de mis padres vivo tranquilo, cómodo y puedo darme ciertos lujos.
A un mes de cumplir los 38 años, Juan Carlos puede presumir su segundo Golf GTI, una moto y de los viajes que dos o tres veces al año hace al interior de la República, e incluso al extranjero.
Admite que, a cambio de no tener que preocuparse por lavar o plancharse la ropa, aporta una cantidad mensual al presupuesto de la casa, ayuda en los quehaceres de vez en cuando y si su madre necesita que la lleven a algún sitio, es el primero que se ofrece a llevarla donde sea, además de pagar puntualmente las cuentas de luz y teléfono.
Pero lo que más valora de seguir viviendo con sus padres a esta edad es la compañía: “Me gusta oír gente a mi alrededor. Es muy diferente llegar a tu casa y ver una película acompañado en vez de tú solo, o cuando vuelves de viaje y estás desempacando, sentir que la casa no está vacía.”
Sin embargo, sabe que por no vivir independiente debe mantener ciertas normas, como no llegar demasiado tarde por la noche o avisar si no llega a comer o cenar. De sus tres hermanas, dos ya casadas y con hijos, la más chica es quien no deja de molestarlo para que se case y se mude de una vez por todas.
Aunque tiene novia –mucho más joven que él–, Juan Carlos no cree que la situación cambie a corto plazo: “Me iría por causas de fuerza mayor. Si tuviera que vivir solo tendría que cambiar mis hábitos y por ahora no quiero renunciar a ellos”.
“No tengo que pensar en el quehacer de la casa”: Berenice
A sus 33 años, Berenice podría haberse ido a vivir por su cuenta desde hace tiempo. Tiene un buen sueldo, trabajo estable y su familia posee un pequeño departamento en Cholula que rentan a un estudiante de la UDLA. Sin embargo, sigue viviendo con sus padres. “Me llevo muy bien con ambos, ¿por qué habría de irme si justo ahora es cuando estoy disfrutando a mis padres como amigos?”
Pero esta licenciada en contaduría pública también valora mucho su independencia: “Mis padres no me agobian, no son de los que imponen horarios ni hacen escándalo cuando llego tarde porque me estoy divirtiendo. Ellos viven en el siglo XXI.”
Y es que la vida social de Berenice es intensa: fines de semana con los amigos, ir de compras o a bailar, salir a cena o a tomar una copa... un tren de vida que ella misma reconoce tendría que cambiar si viviera sola y tuviera que hacer labores domésticas. “Al estar en casa de tus padres vives más el momento, disfrutas de la vida a tope”.
Sin importarle la presión e indirectas de sus hermanos para que se case o se vaya a vivir aparte, Berenice sostiene que vivir en la casa paterna después de los 30 años es una opción personal que no va ligada al rito de paso entre la juventud y la edad adulta.
“No hace falta irse de casa para ser adulta; la madurez te la da el trabajo y tus experiencias personales, lo que aprendes de ellas día a día.”
“Es como estar en un hotel, pero mejor, porque es casi gratuito”: David
“Cuando tienes más de 30 años y vives con tus padres es porque estás a gusto con ellos y te dejan hacer tus cosas; conozco gente de 20 años que desea largarse de casa porque les controlan la vida,” asegura David, que en seis meses dejará el “nido” para casarse.
Este joven de 32 años, al que le gusta el futbol y estar con los amigos, y que podría vivir holgadamente de sus ingresos como analista de cómputo en una importante empresa, confiesa sin tapujos que compartir techo con los padres a una edad madura “es como estar en un hotel”, donde mamá se encarga de tener la ropa limpia, la cena preparada y la casa impecable, pero con la ventaja de que la estancia casi no cuesta dinero.
“Doy una cantidad simbólica cada mes para vivir en su casa, y debo admitir que gracias a su apoyo he podido irme de vacaciones todos los años y pagar poco a poco mi departamento.”
También ha visto en sus progenitores un apoyo donde descargar las preocupaciones diarias, pese a que no pasa mucho tiempo con ellos por el ajetreo profesional. “Ellos me aconsejan y yo los tomo en cuenta, pero no se meten para nada en mi vida.”
Aunque David cree que ha llegado la hora de adquirir otro tipo de responsabilidades y vivir su vida aparte, hay momentos en los que quisiera dar marcha atrás.
“Quiero mucho a mi novia, pero al ver a mi padre me pregunto si podré hacerlo tan bien como él, porque eso de montar una casa y criar hijos es un lío tremendo que a veces me aterra. La verdad es que en el fondo quisiera que nada cambiara, seguir soltero y con ellos en casa, como siempre.”
¿ Y en tu país, ocurre lo mismo?
Aquí el vídeo de una comedia relacionada: "Novia por Contrato"
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